En la quinta votación. Ha sido en torno a las siete y ocho minutos de la tarde cuando comenzó a salir el humo blanco de la chimenea del Vaticano. Las campanas comenzado a repicar anunciando lo esperado por todos los fieles congregados en la plaza de San Pedro y los miles de espectadores en todo el mundo que han seguido minuto a minuto esta elección.
La oficina de comunicación del Vaticano ha publicado un tuit "HABEMUS PAPAM" con el anuncio y símbolos de personas con los brazos en alto. Cientos de personas se congregaron ya en la plaza para saludar al sucesor de Benedicto XVI, a pesar de que llueve intensamente. Gritos de ¡Viva el Papa!, aplausos, vítores, incluso música... la plaza de San Pedro se convirtió en una auténtica fiesta.
En torno a las ocho y quince minutos de la tarde, se han abierto las cortinas y las puertas del balcón. La expectación era máxima. El cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran, ha pronunciado las palabras más esperadas de la tarde. “¡Habemus Papam!” y ha anunciado el nombre del escogido en latín y después el apellido.
El nuevo Santo Padre es Jorge Mario Bergoglio, argentino, arzobispo de Buenos Aires nacido en 1936, que tomará el nombre de Francisco. Es el primer Papa iberoamericano y además el primer jesuita que es elegido Santo Padre. Tiene 76 años, dos menos de los que tenía Ratzinger cuando fue elegido, pero su nombre no estaba en las quinielas de los favoritos (sí lo estuvo sin embargo hace ocho años, cuando se eligió al sucesor de Juan Pablo II).
El Papa número 266 de la Iglesia adoptará el nombre de Franciso I y ha salido al balcón del Vaticano entre vítores, aplausos y los acordes del himno vaticano. Salió al balcón sólo con la sotana blanca, sin las estolas granates bordadas. "Hermanos y hermanas, buenas tardes" ha comenzado.
"Vosotros sabéis que el deber del cónclave es dar un obispo a Roma, y parece que mis hermanos cardenales han ido a cogerlo al fin del mundo. Agradezco la acogida de la comunidad diocesana de Roma a su nuevo obispo. Antes que nada quiero hacer una oración por nuestro papa emérito Benedicto XVI, para que el señor lo bendiga" y a continuación ha rezado un Padrenuestro, un Ave María y un Gloria.
"Y ahora, comenzamos este camino, el obispo y el pueblo. El camino de la Iglesia de Roma. Este camino de la Iglesia de Roma que presido. Rezamos por todo el mundo, para que sea una gran hermandad. Me ayudará mi cardenal vicario aquí presente, será fructífero para la Iglesia y para esta bella ciudad. Y ahora, querréis que os de la bendición. Pero primero, antes de que el obispo bendiga al pueblo, yo quiero que recéis para que el señor me proteja. Roguemos por todo el mundo que sea una gran hermandad". Ha pedido a los fieles que, antes de que el obispo de Roma le bendiga, recen por él.
Después pronunció su primera bendición como Santo Padre. "Os doy la bendición a vosotros y a todo el mundo. A todos los hombres y mujeres de buena voluntad". La multitud coreaba su nombre "Francesco, Francesco", mientras él seguía pidiendo que rezaran por él. "Nos vemos pronto. Mañana iré a rezarle a la Virgen, buenas noches y que descanséis". Así se ha despedido de los miles de fieles que seguían aplaudiendo.
Lo primero que hizo el nuevo Papa tras ser elegido es trasladarse a la llamada “habitación de las lágrimas”, donde se vistió con las ropas adecuadas antes de regresar a la Capilla Sixtina, donde tuvo lugar una pequeña ceremonia antes de ser presentado ante el mundo. Este cuarto recibe este nombre debido a que es el lugar donde el recién elegido, según la tradición, podrá romper en llanto frente a la responsabilidad y la magnitud de la tarea que le espera.
Después, se leyó el Evangelio de San Mateo en el que Jesús instaura el primado de Pedro: "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia" (Mt 16, 13-19). Cada uno de los cardenales le prestó obediencia y reverencia, además de felicitarle. Se rezó el Te Deum y después el cardenal protodiácono, el francés Jean-Louis Tauran, apareció en el balcón de la logia central de la basílica para anunciar al mundo quién es el nuevo Papa.
Como novedad en este cónclave, el nuevo Papa fue a rezar, antes de salir al balcón, a la Capilla Paulina ante el Santísimo Sacramento. Y al acabar, impartió la bendición 'urbi et orbi', que concede a los fieles la indulgencia plenaria.